martes, 11 de mayo de 2010

Mi confrontación con la docencia...

Partiendo del punto de vista de que todos somos profesionistas en lo general al momento de iniciar a dar clases, el paso más difícil lo encontramos al momento de intentar ser profesionales en el arte de ser maestros.

El amor a la profesión se va gestando con el tiempo; la vocación que a algunos los movió hacia ésta noble labor, puede resultar catastrófica al momento de llegar al aula y ver desorden, indisciplina y caos.

El pánico escénico de los primeros eventos puede dejar marcado al incipiente maestro si no consigue una buena comunicación con el grupo.

A través de procesos de capacitación como éste, nos damos cuenta de que hay mucho por aprender y mucho por innovar.

La pasión que produce dar una buena clase y cosechar los frutos en aprendizaje es (además de los días de quincena), uno de los mejores momentos que la vida nos puede dar.

2 comentarios:

  1. Buenas noches Carlos Alberto.

    El ser maestros es una bonita vocación y el crecer al paso del tiempo se da de manera natural.

    Atentamente.

    Ing. Leticia AMador Ramírez.

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  2. ¡Hola Carlos!

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, tanto en lo referente a la pasión que se genera por estar frente a grupo, como en los benditos días de quincena ¡si señor!
    Además considero un privilegio la actividad docente, porque el producto es transformar a otros y transformarnos como seres humanos, lograr aprendizajes en los alumnos a la par que en nuestras personas.
    Es un arte como lo señalas y como todo artista, requiere de ir puliendo la técnica (llámese recursos pedagógicos, didácticos u otros) hasta plasmar con el corazón, el intelecto y la voluntad una obra maestra, o lo más cercana a ella.
    Te saludo con afecto, Lilia.

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