Partiendo del punto de vista de que todos somos profesionistas en lo general al momento de iniciar a dar clases, el paso más difícil lo encontramos al momento de intentar ser profesionales en el arte de ser maestros.
El amor a la profesión se va gestando con el tiempo; la vocación que a algunos los movió hacia ésta noble labor, puede resultar catastrófica al momento de llegar al aula y ver desorden, indisciplina y caos.
El pánico escénico de los primeros eventos puede dejar marcado al incipiente maestro si no consigue una buena comunicación con el grupo.
A través de procesos de capacitación como éste, nos damos cuenta de que hay mucho por aprender y mucho por innovar.
La pasión que produce dar una buena clase y cosechar los frutos en aprendizaje es (además de los días de quincena), uno de los mejores momentos que la vida nos puede dar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Buenas noches Carlos Alberto.
ResponderEliminarEl ser maestros es una bonita vocación y el crecer al paso del tiempo se da de manera natural.
Atentamente.
Ing. Leticia AMador Ramírez.
¡Hola Carlos!
ResponderEliminarEstoy totalmente de acuerdo contigo, tanto en lo referente a la pasión que se genera por estar frente a grupo, como en los benditos días de quincena ¡si señor!
Además considero un privilegio la actividad docente, porque el producto es transformar a otros y transformarnos como seres humanos, lograr aprendizajes en los alumnos a la par que en nuestras personas.
Es un arte como lo señalas y como todo artista, requiere de ir puliendo la técnica (llámese recursos pedagógicos, didácticos u otros) hasta plasmar con el corazón, el intelecto y la voluntad una obra maestra, o lo más cercana a ella.
Te saludo con afecto, Lilia.